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LAS NOCHES QUE PASÉ CON SCARLETT JOHANSSON

LAS NOCHES QUE PASÉ CON SCARLETT JOHANSSON

Sergio Andrade, con el primer ejemplar de su nueva novela MALALIENTO, sobre el México “Pre-Panista”

Entre las ventajas de ser un hombre maduro está aquélla de poder ver las cosas desde diferentes perspectivas y compararlas, no sólo bajo la luz que nos proporciona la experiencia, sino también bajo aquélla del paso del tiempo, de las épocas.

Pertenezco a una generación en que el divorcio de los padres aún no estaba tan extendido ni era tan común, y crecía uno sin la problemática de con cuál de ellos habría que pasar el próximo fin de semana o las próximas vacaciones de verano, y -lógicamente- sin verlos apasionarse por una nueva pareja que haría las veces de nuestra nueva “mamá” o de nuestro nuevo “papá”. El ver a nuestro padre y/o a nuestra madre enamorarse y volver a representar papelitos tipo adolescente, verlos comportarse en los procesos del cortejo y del enamoramiento, nos los pone en la mira como seres de carne y hueso, con ilusiones, deficiencias, errores y… sexualmente activos. Capaces, incluso -y como lo más natural- de comprar artículos en alguna sex shop, de sentirse insatisfechos o… de masturbarse (entre muchas otras cosas).

En mis tiempos de niño y adolescente, por las diferentes condiciones de la cultura sexual de aquella época, y por la hipocresía reinante en todas, uno imaginaba al padre como un ser asexuado, sin deslices de atracción por otras mujeres, y a la madre, como una santa virgen impoluta, repetidora del milagro de aquélla, la María, con la sorprendente capacidad de habernos dado a luz conservando, no obstante, su virginidad. En nuestros esquemas simbólicos, la madre, ni era sexualmente activa, ni pensaba, siquiera, en el sexo.

La educación de aquella época, que nuestros padres habían heredado de los suyos, unida a una singular hipocresía, provocaba que hasta para hacer el amor, nuestros padres escogiesen momentos en que ni por error podrían ser escuchados por los hijos curiosos; si al padre se le ocurría tener una amante, jamás llegaba a nuestros oídos el asunto, resultando en episodios telenovelescos como aquéllos en que veinte años después nos veníamos a enterar de que teníamos hermanitos en otro lugar de la República, y que papá había hecho de las suyas y mantenido un segundo hogar por décadas.

La tradición y la educación hacían también que no fuera propio -para nuestros padres y los de su generación- expresar sus deseos sexuales, sus inquietudes, sus necesidades y, ni siquiera, su gran placer a la hora de hacerlo, pues evitaban dar gritos de excitación desaforados, para conservar la imagen y mantener la postura. Ni qué decir de llegar a expresar sus fantasías. Y esa represión -y autorrepresión- generaban incluso una autolimitación que se imponían para evitar desbocarse de más, aun en sus momentos de imaginaria soledad sexual.

El día de hoy, todo eso es diferente. Nuestras mamás hablan abiertamente del nuevo hombre con el que salen después del divorcio con nuestro padre; éste, nos llega con su nueva novia veinteañera y come frente a nosotros en el restaurante en medio de arrumacos y besuqueos; y todo mundo habla con libertad no sólo de sus prácticas, sino de sus fantasías sexuales. Este elemento, el de las fantasías, es uno de los que más ayudan al ser humano a conformarse una vida sexual razonable y satisfactoria. Y también, a conformarse con la que tiene.

Hace algunas noches soñé con Scarlett Johansson. En mi sueño, ella y yo caminábamos por la Alameda Central tomados de la mano, y yo le explicaba mira, ahí está el Palacio de las Bellas Artes, y allá La Latinoamericana, y al rato te voy a llevar a Garibaldi para que oigas los mariachis y hasta te voy a cantar una de mis canciones… Ella me miraba embelesada, me daba besos en las mejillas y en el cuello y hasta se atrevió en un momento de intimidad, entre la masa de paseantes, a agarrarme con su mano derecha el bulto entre las piernas. Después, en otra parte del sueño -me imagino que yo, con la calentura, me salté aquello de ir a Plaza Garibaldi-, estábamos en mi auto observando las luces nocturnas del Valle de México desde una de las montañas circundantes, y nos metíamos mano por todos los lugares imaginables, y ella me demostró su pericia bocal luego de que yo sumergiera mis labios, mis mejillas y mis ojos en el mar de sus asombrosos pectorales…

Me desperté sudoroso y batido por todos lados. Pero feliz. La noche siguiente, decidí fantasear de manera bien consciente. Scarlett y yo nos fuimos hasta la Riviera Francesa y admiramos el mar Mediterráneo desde nuestro cuarto de hotel, luego de haber parado de hacer el amor, apasionados, por cinco días seguidos.

La tarde del tercer día me enteré de que Scarlett, la real, andaba en voluptuosos amores con Sean Penn, lo cual me reconfortó pues me hizo sentir, una vez más, que no ando nada mal en mi gusto por las mujeres jóvenes, y que a estas alturas del mundo, de la civilización y de la vida, nosotros- los hombres maduros- podemos resultar atractivos aún, y aun, para mujeres jóvenes encantadoras tan bellas, saludables y sensuales como Scarlett Johansson –mi Scarlett Johansson. Bueno, Sean, no te me escames, nuestra, pues. Pero al estar viendo el programa donde daban la noticia del romance entre Scarlett y Sean, al verla caminar por una calle y con un atuendo más cotidiano y menos de aquéllos que suele llevar a las alfombras rojas de los premios y los estrenos, tuve una Epifanía. Para los ignorantes, Epifanía no es un nombre femenino (ni prima de Estefanía), sino una palabra que designa una manifestación o aparición -usualmente de carácter divino o sobrenatural- y, por extensión, la toma de conciencia de ese acto por parte del que lo vive. Epifanías han experimentado muchos, desde Abraham hasta el indio Juan Diego, pasando por Mahoma y por Joseph Smith. Pero las apariciones divinas o sagradas no están limitadas a los profetas, y también nos es dado a los hombres comunes, testimoniarlas. Esa noche -la del programa en que hablaban sobre Scarlett- me fue dada una epifanía: Totalmente consciente, ya metido en la cama y a punto de comenzar a imaginarme nuevos episodios eróticos con la magnífica rubia neoyorquina de origen danés, se me apareció la susodicha estrella de cine en mi habitación, prácticamente en carne y hueso, o más bien, en músculos y glándulas; me enderecé y me senté en la cama por efecto de la sorpresa y me disponía a avalanzarme sobre ella para darle mil besitos y acabar con la nostalgia, cuando reparé en que no era propiamente -ni exactamente– la misma Scarlett Johansson de mis programas, de mis sueños, de mis fantasías…

Estaba sin una gota de maquillaje, los granos de su cara completamente visibles, su pelo un poco reseco, su mirada cansada y distraída, sus pechos colgando, flácidos,su boca no tan vivaz, y su cuerpo transmitiendo una cierta fodonguez. En la mejilla izquierda traía un poco de crema, como de aguacate, probablemente restos de la cena o de algún cosmético órganico de última generación; pero lo peor: estaba vestida con una bata de señora ama de casa del siglo pasado y en los pies -horror!- traía unas pantuflas de felpa color de rosa eléctrico que provocaron que cayera yo desplomado, mis piernas aún sobre la cama pero mi torso y brazos ya sobre la alfombra, fundido todo yo por un infarto fulminante al miocardio por la impresión de ver a mi “güera” de esa manera. Y yo que pensaba, con miedo, que el ataque al corazón podría darme al momento de estar haciendo el amor con ella, con pasión inusitada!

Mi Epifanía, a diferencia de las de otros, no tuvo mucho de sagrado ni de divino; pero sí, como las de ellos, de revelador.La aparición de mi estrella en la forma de lo que realmente ella es  -una mujer común y corriente, con defectos, con imperfecciones y gases digestivos apestosos, entre muchas otras cosas-, me reveló, a la manera de las fantasías sexuales pero en otro sentido y dirección, que hasta la más angelical, joven, rozagante, saludable, energética y sexy estrella de cinema, tiene sus momentos muy humanos, y una vida como la de cualquier mortal, y momentos en que no es ni tan enorme ni tan bella ni sensual como en la pantalla y las premieres.

Y aun más: me fue revelado en la misma Epifanía lo que a la mayoría de los hombres se le olvida, y es el hecho de que el tiempo pasa rápido y sus estragos se dejan sentir hasta en los más sólidos mármoles. No es lo mismo la Dolores del Río recién llegada a Hollywood, que la de “What price glory”, que la de cuarenta y cinco años en “La Malquerida” (y eso que estaba extraordinariamente bien conservada), y menos, que la de “More than a miracle”, a sus sesenta y tres. De modo que el hombre ha de sentir realmente un grande y sincero amor por su pareja, si no quiere sufrir posteriormente la indecible frustración de verla ajada, o gorda y vieja y caduca, la cual lo invadirá si solamente se basó en el físico de la mujer para tomar la decisión de comprometerse con ella “hasta que la muerte los separe”.

Aquí, para terminar, cabrá decir, que este tipo de fantasía sexual “realista“, que nos permita imaginarnos una realidad que nos alcanzará inevitablemente -pero que por las calenturas del apasionamiento durante el romance y el cortejo no alcanzamos a intuir ni hombres ni mujeres- es muy útil, y deberían llevarlo a cabo también las jóvenes y mujeres en edad de merecer, ahora que, por los avances de la modernidad sexual en el mundo, les es dado -y permitido- tener -y expresarlas- más fantasías sexuales que a nuestras mamás y abuelitas en sus tiempos. Yo le diría a mi posible pareja que no se entusiasme tanto por ese Adonis con cara de Brad Pitt y abdomen de lavadero à la Matthew McConaughey, y que caiga en la cuenta de cómo se habrá de poner dentro de unos años, y en qué se habrá de convertir, para que luego no se dé de topes contra la pared al verlo flojo, fofo,calvo y panzón. Le diría también -a título de competidor por sus afectos- que le convengo más yo, como pareja, pues conmigo ya puede tener la certeza de en lo que me convertí y no la incertidumbre de en qué habré de convertirme y qué tanto más gravemente pueda decaer; o sea: ya mucho más gordo… no me habré de poner; calvo… no me quedé; y mis genes no son de reflejar los años con múltiples arrugas. En cambio, el veinteañero de su vecino, quién sabe en qué adefesio o esperpento se llegará a convertir. Le diría yo a ella, por ejemplo, mis cinco palabras preferidas: Conmigo vas a lo seguro.

Ahora, no me queda más que esperar la noche, ésta, la primera, que habré de pasar con Jessica Biel, dando rienda suelta a mis refrescadas fantasías. Pero eso sí, pondré mucho cuidado en no llegar a la tercera noche, y en no acostumbrarme a los arrumacos con ella, pues podría tener otra lamentable Epifanía -como la de mi ex, Scarlett-, o, lo que es peor, podría ocurrir que me golpease la más patética realidad y que, ya no en el terreno de las fantasías, sino en el de los hechos, me despertase yo un día al lado de una Jessica Biel fodonga, grasosa, con algunas de las raíces de su cabello destintadas…, y lagañosa. Y que, para colmo, me saliera con que ni siquiera me iba a preparar el desayuno!

…….. 

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  1. Elisa
    junio 22, 2011 en 3:38 am

    Muy buena entrada, me hizo reir bastante, sobre todo aquello de que con Ud ya va a lo seguro.

    • junio 22, 2011 en 3:59 am

      Gracias! Es bueno rer, y hacer rer. Y qu pas con mi novela MALALIENTO (Primera Parte)? No la has comprado, verdad?(Me imagino, pues te conozco, y ya me habras escrito para comentarme algo sobre la compra, o incluso sobre lo que hubieses ledo… ) Qu pas?SALUDOS

  2. Elisa
    junio 22, 2011 en 4:22 am

    Aver, ¿como que primera parte? empecemos por ahí. Yo creía que eran las dos partes lo que me estaba ofreciendo. No he escrito pues estaba esperando la respuesta; lo planteo de nuevo y breve: ¿puedo adquirir la novela en formato digital por medio de depósito? Necesito saber, pues lo que pasa es que estoy en una etapa de la vida en que me estoy librando de mis posesiones (cualquiera diría que planeo suicidarme pronto o algo así) y por eso no me gustaría adquirir otra más. En formato digital, es otra cosa. Probablemente la lea y pues esa si la puedo guardar por ahí sin que me afecte.

    Sin embargo, me es tentador adquirir la copia física, e incluso me gustaría que me hicieran el favor (o me lo agregaran a la cuenta $) de enviármela autografiada. Hacen envío por estafeta también?

    Esas son mis dudas y dilemas. Muchas gracias.

  3. junio 22, 2011 en 6:00 pm

    Elisa: Me pongo mal de ver como “tradujo” este sistema la respuesta que te mandé directamente desde gmail a la otra Entrada. De modo que aquí te la pongo -de nuevo-, pero de manera “decente”:

    Gracias. Estoy precisamente en junta (la primera en tres meses -hasta raro me siento-),trataré de ser breve:
    1)La novela completa MALALIENTO sólo está, en un solo “ejemplar”-por así llamarlo-, en formato digital.
    2)Por razones de costos de impresión y envíos, la versión física se hizo en dos partes.Ambas tienen el mismo dibujo en la portada, y diferente texto en la contraportada;además una está -en términos “fotográficos”- en negro sobre fondo blanco, y la otra en blanco sobre fondo negro. Las puedes ver en este enlace:
    http://www.amazon.com/s/ref=nb_sb_noss?url=search-alias%3Ddigital-text&field-keywords=sergio+andrade&x=21&y=13
    3)Sí puedes depositar directamente a la empresa Excis S.A de C.V. y te mandarían por correo electrónico la versión digital completa (que incluye ambas partes), por $150 pesos (mismo precio que en kindle.com). Estoy con el Sr. Francisco Ramos y ya le comenté de tu caso. Si decides hacerlo de esta manera debes escribirle a él a:
    excissadecv@gmail.com
    diciéndole que te mande los datos de cuenta a la que deposites dicha cantidad, para que él, a su vez, te la mande en el archivo correspondiente.
    4) Como te dije, la Sra. Mayra Hernández (conocida nuestra de hace tiempo, y que ha colaborado en algunas ocasiones con nosotros, de diversas maneras), tenía ya la Parte I de la novela MALALIENTO revisada por mí, como resultado de que yo hice correcciones a las pruebas físicas de impresión que me mandaron de Estados Unidos. No sabía yo, cuando me preguntaste hace días, que tú no estabas enterada de que -en el caso del libro físico- se vendía la novela en dos partes. Para ese día yo había revisado la primera Parte -que era la que me habían mandado-, ahora ya me mandaron la Segunda también y ya la revisé. La Sra. Mayra tiene muchas cosas en original, mías, pues a mí no me gusta estar lleno de cosas ni en casa ni en oficina. Ella las guarda con la condición de que siguen siendo mías hasta que yo muera, y a partir de entonces ella podrá venderlas, o tirarlas a la basura. Luego de que tú me preguntaste, en una reunión, le dije que le escribirías a su mail (ami_luz8@yahoo.com.mx), que yo le pedía que sí accediera a venderte ese ejemplar del libro con anotaciones de revisión de mi parte (MALALIENTO Primera Parte) y que te tratase como a “cliente”, de ser posible dejándotelo al mismo precio de $150 pesos más gastos de envío (que creo que son $80 pesos, o algo así, para allá donde estás), que es al que se vende a cualquier persona. Me dijo que sí, y que esperaría tu correo.
    El hecho de que sean dos volúmenes, representa que -de querer tú la versión física- te costaría (2X $150= $300 pesos, más un gasto de envío).
    Si optas por esta solución, escríbele y pregúntale a dónde y cuánto exactamente le depositarás, y dile que me los pase a que yo los dedique y firme para ti.
    Espero que no haya más dudas después de esta explicación que en algún momento pretendió ser breve. (Pensé que requería explicación a fondo para que entiendas bien cada cosa). De hecho en un par de días, los dos volúmenes (Primera y Segunda Parte) estarán ya disponibles también a través de amazon.com

  4. junio 23, 2011 en 1:07 am

    Me encanta la forma en que abrió con el tema de los divorcios y la forma tan descarada a la que pueden llegar muchos padres de familia, aún casados, de poder expresarse tan abiertamente sobre sus ex y nuevas parejas. ¡Me parece patético! Pero hasta en las mejores familias, mi estimado.

    Es muy divertida su fantasía con Scarlett. Esa chica desata pasiones hasta con el más afeminado. Es una hermosura de mujer, y me parece que tiene usted un gusto exquisito por las hembras. Ella, me parece de las que gustan por verse naturales, sin pretenciones, y sin caer en lo ordinario. Digamos que le sale lo sensual sin esforzarse demasiado. Y ese parece ser su atractivo.

    Sí que me ha partido de la risa con la ‘realidad’ del enamoramiento. Lamentablemente así termina todo, pero si se quiere, se evoluciona, y se transforma en esa otra cosa: ‘Te quiero por tu recuerdo, y te acepto ahora por quien eres’.

    ¡Feliz verano!

  5. Alejandro
    julio 7, 2011 en 8:30 pm

    Para refelexionar. soy joven aun, creo. Estoy viviendo lo que usted aqui describe. Mis papas separados desde hace ya casi dos años, ahora dejan ver esa actitud adolescente que menciona.
    Mamá que aun se conseva bien, cuenta con multiples pretendientes que no dejan de asediarla con llamadas y me mensajes. Me recuerda a mi, si se puede decir, cuando era mas joven aun. Se volvio demasiada coqueta para ser mi mama, deberi ser asexual, citandolo de nuevo. Puta, palabra demasiado inapropiada para referirme a mamá, sin querer me llega a la mente cuando escucho que habla del tema con amigas.
    Papá por otro lado se ve más verde, lento y tímido, después de dos años apenas comienza a cortejar a una “dama”. Eso no me molesta tanto, supongo que por el machismo estúpido que sigue existiendo en México. “A él se lo perdono porque es hombre, no importa” que pemdejo he de ser.

    Hoy yo me encuentro en una relación, un año apenas con ella. Sin embargo no he tenido más que discusiones que acaban después de fornicar. Me es sumamente difícil, me atrebo a decir imposible, tener una conversación amena con mi novia. Será que el rencor que le tengo, su forma de pensar muy distinta a la mia, o simplemente que mis temas no son de su interés me llevan a concluir que no sabe escuchar. Pero que puedo decir, tal vez ni yo lo hago.
    Aunque no quiera aceptarlo y me engañe con ideas y mentiras piadosas, la quiero por que me atrae físicamente demasiado. Sino cogemos, no me es posible soportarla por mucho tiempo. Puedo jurar que la quiero, pero solo por lo dicho. Y cabe mencionar que me siento seguro de sus querer por mejores y reales razones. Ella es honesta en su sentir.

    Como sea, muy buen post.

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