Archivo

Posts Tagged ‘Breaking Bad’

INSTRUCCIONES PARA NO VOLVER CON TU EX

Alguna vez dije que la única regla importante a seguir con respecto a tu ex es: No volver Portada iTunes Mis Preferidas OKjamás con él. O ella. Sé que esta regla ya sacó de balance a varios de los que estén leyendo: No hallan su lugar en el mundo, los Fruit Loops no les saben a nada, les aburre incluso la tercera temporada de Breaking Bad... y hasta el hambre se les quita. Todo, porque rompieron con su novia, o novio, y quedaron como carabela de Colón sin brújula. Lo único que quieren es volver a ver a su ex y, si se puede, comérselo a besos.

Es conveniente volver con tu ex? La salud mental de una mente racional y un corazón agradecido responde, acertadamente: No. Jamás. Pero después de algunas reflexiones descubrimos que hay circunstancias y tiempos dentro de los cuales podría tener ciertoangelina y brad sentido arrastrarse un poco para volver a ser aceptado, o aceptar al que se está arrastrando. Si el rompimiento es reciente, no es tan malo que vuelvas con tu ex. Un lapso máximo de dos semanas es el límite. Ahí, la reconciliación resulta hasta impulsora de una mayor atracción sexual, pasión sin límites por el reencuentro, besos por arriba y por abajo, prendas volando por los aires y ya las últimas dejadas en el torso porque la prisa es mucha, y dos cuerpos sudorosos revolcándose por el piso de la cocina. Dicen que el amor de la reconciliación no tiene igual.

Después de dos semanas, no viene al caso. Si tú o tu pareja fueron capaces de lady diana y príncipe carlosaguantar catorce días de ayuno empalagoso, para qué volver? Quiere decir que la necesidad no es mucha y que vale más poner en el GPS un nuevo destino.

Lo mismo aplica para otras circunstancias: Si estabas viviendo con tu pareja y la corriste o ella se fue por woody allen y mia farrowpropio gusto… no tiene caso volver. Si estabas casado con tu pareja y se separaron por más de seis meses, no tiene caso volver. Si se divorciaron, menos. Si rompiste con tu novio y alguno de los dos, dentro del tiempo de separación, consiguió otra pareja, anduvo, o se acostó con otra… tampoco tiene caso volver. Aun menos que nunca.

Existen los casos extremos. Aquéllos de las fijaciones amorosas en que a pesar del tiempo y los años, el corazón palpita con sólo recordar una mirada, una mueca graciosa, un aroma del cuerpo, alguna caricia especial, atrevida, original, o aquel acto maravilloso jennifer y marc anthonyhecho por la única persona que nos dejó grabada la hechura perfecta del amor. El problema con esas fijaciones es que no podrán ser resueltas positivamente con el reencuentro con la ex. El tiempo hace estragos hasta en la Torre de Pisa. Aquel amor que recordamos mágico, ya es cosa del pasado. Sus rasgos, sus manías, su cuerpo, sus sueños, su energía, habrán cambiado, y lo único que obtendremos de un regreso será el acercarnos a una cáscara vacía. El pasado es irrecuperable.

Sin embargo, el corazón nos pone trampas, y seguimos soñando con que a la vuelta de una esquina, a la salida jennifer aniston y brad pittde un cine, en la siguiente banca de un parque, volveremos a ver a esa persona que nos definió el amor. Y si somos románticos, la recordaremos en alguna canción, en algún capítulo de una teleserie amorosa, de un libro clásico, en las nubes de un atardecer dorado o en el mar que se pierde a la distancia… Habrá siempre dentro de nosotros esa inquietud de rehacer, de reconstruir, de redescubrir la magia. Pero no nos engañemos, la magia sólo existe en el recuerdo. Con un ex, con una ex, después de un tiempo, no se debe volver jamás. Fájate la camisa, amárrate el cinturón, cíñete la falda, muérdete los labios, cómete las uñas, córtate el pelo, rápate si es preciso, píntate el cabello de morado, échate de un tirón todas las temporadas de The Good Wife para no tener ni un segundo libre entre el viernes y el lunes, saca el clavo con otro clavo, o con otros clavos, paga un terapeuta, abre otra cuenta en Instagram, emborráchate, cómete cuarenta tacos al pastor, cuatro paquetes de galletas Oreo, cómprate una camisa de fuerza y pídele a tu hermana que te la ponga, haz hasta lo imposible, pero no vuelvas. No vuelvas jamás con tu ex pareja. No importa qué tanto nos ruegue ella o qué tan dispuestos estemos nosotros a rogarle a ella que regrese. Es cuestión de sentido común, de dignidad. Grábenselo. Con tu ex no se debe volver nunca.

O sí?

_____

CANCIÓN SUAVEMENTE (L. y M. Sergio Andrade)

Volver del infierno, salir del clóset y otras reflexiones no tan tristes

IMG_1477Cuando el enamorado del barrio anda cabizbajo y meditabundo, con diarrea lacrimosa e intestinal y sin atar ni desatar, las vecinas chismosas comentan en el lavadero: “Mírate al Efrén, dicen que la Deyanira le dió toloache“. El toloache, otoloache tolache tiene fama de ser un bebedizo de amor para doblegar la voluntad del ser amado que anda de apretado, haciéndose el interesante, pues, y por tradición dícese que las mujeres lo preparan en infusión (término de moda entre hipsters) para que se lo beba el crush. Dicen que mata las neuronas. Ha de ser. Justo como el amor.

 

Toda la vida es una sucesión de ideas. Cuando andaba yo a partir un piñón y de manita sudada (término de moda entre nacos)  con mi ex, mi Twitter, comenté en un tweet que estaba acomodándome una borrachera de todas las temporadas de Prison Break, serie que vine a descubrir con retraso, porque salió en los años en que estaba yo en prisión.  La vi de un tirón, como prefiero ver las series: me encierro en mi cuarto, me acomodo en mi sillón reclinable al lado de la cama, lo más cerca posible, pues en esos fines de semana de encierros netflixamazongoogleplayianos me paso del sillón a la cama, de la cama al sillón, y así, me aprovisiono con palomitas, galletas, carnes frías, helados Häagen Dazs y Ben & Jerry’s, galletas Oreo, leche, Corn Flakes, Coca Cola Light (no Zero, porque ésa me pone muy nervioso) y limonada, tomo mi smartphone, conecto desde ahí Chromecast y comienzan la borrachera.

 

Prison Break me llevó a reflexiones sobre los conceptos en las obras audiovisuales, sobre el infierno, sobre los caminos y decisiones en la vida, y sobre salir del clóset. La serie no es de las mejores en la historia de la televisión, pero sí una de las más entretenidas, con actores más carismáticos y con un concepto imbatible: El amor entre hermanos. Yo no sé ahora, en prison breakmis tiempos el amor entre hermanos era no sólo un concepto aprendido de nuestros padres, sino también una bella realidad biológica y emocional. Y eso, además del carisma innegable de Dominic Purcell, Wentworth Miller, Sarah Wayne Callies, Robert Knepper, William Fichtner y Amaury Nolasco fue lo que me atrapó. Ya he dicho que Breaking Bad no era una serie sobre drogas, sino sobre la compleja relación padre-hijo. Prison Break no es una serie sobre escaparse de una prisión, es una serie sobre el amor entre hermanos.

 

Me gustó. Y quedé con ganas de ver más. Las borracheras de televisión son como las de la vida real, se te acaba el whisky, se te acaba el ron, se te acaba el vodka, arrasas con el Baileys, con el Rompope Coronado, y acabas saliendo a comprar alcohol de 96 grados (que cada vez es más difícil encontrar) para mezclarlo con Orange Crush y darte un teporochazo. Se te acaban las temporadas y comienzas a buscar en YouTube entrevistas y lo que aparezca; acabas viendo guarradas tipo “Los 38 detalles más secretos de Game of Thrones que no conocías“. En medio de recopilaciones de anécdotas y reportajes, hallé la confesión wentworth millerpública de Wentworth Miller, de que es gay. Su salida del clóset, pues. Aparte de atractivo, es un muchacho inteligente, y su confesión fue rica en imágenes y conceptos interesantes. Habló de que pasó toda una vida en su homosexualidad escondida y reprimida. Habló de que cuando llegó a la fama le costó mucho trabajo hacerse a la idea de salir del clóset, pues habían sido diez años de lucha solitaria tratando de abrirse paso y construir una sólida carrera y le espantaban las posibles consecuencias, el qué dirá la gente. Se le veía muy nervioso antes de declararse públicamente gay, pero acabó por hacerlo de manera sincera, convincente y emotiva. La vida como gay reprimido, avergonzado, debió haber sido para él todo un infierno.

 

En la madrugada vi The Lost Honour of Christopher Jefferies, extraordinaria miniserie inglesa que trata de un hombre crucificado por la prensa, como yo. Me identifiqué con él por la the lost honour of christopherterrible carnicería que la prensa hizo de su persona inventando historias morbosas y distorsionando hechos de una simple realidad para volverlos reflejos macabros. En una parte, un ex alumno le dice: “Estuviste en el infierno y regresaste“. Yo también estuve en el infierno y regresé. El infierno no es ningún lugar agradable para estar, ni siquiera un momento. Mil ideas se encadenaron en mí hace unas horas. Las del infierno vivido en la don juanprisión, las del infierno del linchamiento de los medios, infiernos como la injusticia cometida contra Lincoln Burrows, en Prison Break, como las cárceles de Prison Break, la de Panamá, parecida a la mía en Brasil, como el infierno vivido por Wentworth Miller durante todos los años dentro del clóset, como el infierno de andar un camino que uno detesta, como todos los caminos que no llevan a ninguna parte y uno los camina infernalmente cada día. Como esos caminos a los que se refería Don Juan, el de Las Enseñanzas de Don Juan, de Carlos Castaneda: “Ningún camino lleva a ninguna parte, por eso debes caminar el camino que tenga corazón“.

 

En esa cadena de ideas pasé de las injusticias de los medios, al infierno, a la prisión, a salir de ella, a salir del clóset, a seguir otro camino, a las enseñanzas de Don Juan y al peyote y al tolache. De ahí arrancó mi entrada de hoy, y pensé que todos aquéllos que vivimos un infierno debemos tratar con toda la fuerza de nuestro cuerpo y nuestro espíritu, de hacer hasta lo imposible por salir de él para poder seguir nuestro camino, aquél que nos apasione, que nos motive, que nos haga sentir vivos, que tenga corazón.

Salir del clóset, en cualquiera de los casos, es también salir del infierno y comenzar a caminar un camino con corazón.