Archivo

Posts Tagged ‘conquistadores españoles’

Poemas de Sergio Andrade, y otros términos de búsqueda…

diciembre 10, 2014 9 comentarios

s.a. perfil 0697Retomando el tema de las 100,000 visitas, de hace unos días, en el que mencioné los “términos de búsqueda” que me parecen curiosos o interesantes, transcribo aquí algunos poemas, pues a la largo del tiempo que este blog lleva en acción, son varias las ocasiones en que entran a él luego de haber colocado en el buscador: “poemas de Sergio Andrade“.

Aquí, además de algunos, amorosos, van otros de carácter y tema variado. Siempre me pareció que la opinión de Ramón López Velarde (1888-1921) sobre las dedicatorias, es el mejor ejemplo de coherencia y honestidad. Aunque el tiempo y los motivos y emociones cambien, la razón para haber dedicado el poema, en un principio, a alguien en especial, seguirá siendo válida por siempre, y es signo de entereza y buen juicio el mantenerlas  (la razón y la dedicatoria). Los poemas fueron incluidos en los libros Revelaciones (2002) y De lo perdido lo que aparezca (2006) ; pueden hallarse referencias de ellos en sergioandradeonline.com  e incluso, algunos aparecen ahí grabados en voz del autor.

 

 

aaaaaacuernavaca

 

 

 

 

 

 

 

 

TU MANO  

(a Karola)           

 

Qué voy a hacer sin ti en las madrugadas

-no porque esté pensando en convulsiones

o espasmos de amor o perversiones,

simplemente en dos almas enlazadas-.

Qué voy a hacer sin ti en los cinemas

-no porque busque un beso adolescente

ni rozarte la pierna entre la gente,

simplemente reír del mismo tema-.

Qué voy a hacer sin ti en los mercados

-no porque piense en guisos suculentos,

sino en partir el fruto en dos bocados-.

Qué voy a hacer sin ti en esos momentos

en que, inconsciente, voltee acostumbrado

a ver el esplendor del universo

y no encuentre tu mano…

 

Salvedades 

Si tiene que partir, si va a dejarme,

    que se vaya alejando poco a poco

    en sus costumbres cotidianas,
    en sus actos,
    que se vaya de manera hipnótica,
    lenta…
    como se van los barcos
    -para que ni mis cosas ni yo
    nos demos cuenta.
    Que sea su partida imperceptible,
    sus movimientos sutiles y su adiós
    delicado
    -como nos dicen adiós
    cuando se despiden, los astros.
Si esto se va a acabar, o se acaba ya,
    que me dé la espalda y sus acciones
    lleven otro sentido, otras compañías,
    otros gustos y rencores;
    pero que yo de lejos vea
    que las cosas se le dan bien
    aunque me deje fuera de sus planes
    y –a pesar de estar siempre en las mías-
    no me incluya en sus buenas intenciones.
Y si es preciso,
    que se olvide de mí, que no me quiera,
    yo quiero por los dos;
    en mi laica oración
    repito como una mantra interminable:
    que sea feliz y sea grande y sea feliz
    y sea grande y sea feliz y sea…
    Lo que no puede pasar es que se pierda.
    Lo que no puede ocurrir es que se muera.

 

CUANDO LLEGAS  

(a Gloria)                  

 

Tu ternura de niña me envuelve en las sombras,

cómo quisiera desmenuzarte el encanto

que provocan en mí tu tímida sencillez,

tu desnudez fresca, tus alucinaciones,

para que entendieras por qué no te abandono…

cómo quisiera agradecerte tus palabras

de aliento, soltadas sin la menor intención

-involuntarias-, sólo porque forman parte

de tu esencia,

esa esencia que quisiera beberme toda

cuando amamos.

Para sentirme vivo sólo necesito volver a verte.

Tus desplantes más simples me distraen las penas.

Si te tuviera siempre poniendo tu mano

en mi espalda, en mi estómago, en mi frente,

podría prescindir de médicos y brujos,

como en los cuentos mágicos en los que sólo

el amor precisas para alcanzar la gloria,

para matar la muerte, para ser gigante

en la existencia;

esa existencia que tú, tú precisamente

me agigantas…

Tu actitud de guerrera me espanta las dudas.

Si pudiera contar contigo, como ahora,

si pudiera contar contigo para siempre,

podría prescindir de padres y de madres,

de grandezas antiguas, de leyendas tontas,

de hijos, de vicios, de religión y dioses.

Como en las fantasías de los delincuentes

podría dejar atrás hasta el remordimiento

de mi vida;

esta vida que tiembla si te vas y empieza

cuando vuelves…

Para sentirme vivo sólo necesito volver a verte.

Si pudiera verme a tu lado en un futuro,

caminando del brazo por esos pálidos

caminos donde hasta la risa tendrá que ser

suave para que el corazón no se detenga…

si pudieras llegar conmigo hasta la muerte…

podría –como algunos monjes de conventos-

dejar de hablar, vivir descalzo, ciego, en hielo,

olvidarme hasta de la música que suena

allá en la vida…

con tu vida tendría la música perfecta…

si pudieras…

Tu risa destruye las recriminaciones.

Aunque no te guste jurar, ni hacer promesas,

aunque no puedas comprometer tu presencia

para esos días en que por seguirte tanto

vuelva la vista y no encuentre raíces, oro,

minas de sal, grandes palacios ni cimientos…

hay momentos tuyos en que se ve lo eterno,

hay momentos tuyos que justifican todo

y lo que cuenta

es ese instante en que diluyes mi angustia

cuando llegas…

¿CÓMO AMAR?
¿Y cómo amar si no eres tú?
si aquel brillo en tus brazos se perdió
si aunque tenías errores eras mágico
fuerte, poderoso, simple
un niño gigantesco, grande!
y hoy eres la apología del miedo
la reserva, la duda, lo sombrío
la precaución, la calma, la prudencia
y a veces
lo correcto.
¿Y cómo amar si no eres tú?
si ya no es aventura cada día
y eres ahora -al revés- un adulto pequeñito
un hombre grande mínimo, enanito
-sin que eso signifique que un enano es malo
sólo que enanito es en este caso una forma
de decir que
ya no te hallo, no te encuentro
ni en mis cajones ni en mi ropa blanca, blanca
ni en el metro
ni aun cuando se que estás aquí en mi cama
en mi cuarto, en mi ropero-.
Sí, te perdiste y ahora hay otro en tu lugar
con mucho de lo que antes criticabas
con casi todo lo que yo temía
y llegué a imaginar como imposible
de soportar
de convivir con eso
desde la perspectiva de mi infancia
desde los juegos en que yo era niña
y veía la madurez como una cruel decrepitud
allá -acá- a la distancia… esa distancia
que ahora es hoy
-¡hoy ya!-
y hoy, cómo amar, y cómo amarte ahora
¿si este montón de miedos no eres tú?

 

 

aaaaaadoctacordoba

 

 

 

 

 

 

 

 

BESO  

(a Katya)

 

En un lugar dentro de mí (muy íntimo)

vive ligera y suave, casi muerta,

la sensación de un beso,

 aquel beso.

A veces pienso que murió hace tiempo

y ya ni lo recuerdo;

en ocasiones siento que se mueve

cercano a mis pulmones

como si fuese un corazón gemelo;

otras veces lo siento agazapado

tras una vena o algún hueso,

humilde y alejado

pero vivo y contento.

Luego se me olvida

y queda moribundo mucho, mucho tiempo.

Pero sé que está ahí,

me consta que está ahí pues de repente

en una madrugada oscura,

un insistente acceso de palpitaciones

me sorprende,

es como un guiño de la noche,

un vértigo de abismos,

el estruendo apagado

del caer de lentejuelas en mi vientre.

Me consta que está vivo,

que existe, que me grita de pronto

su presencia,

me frena la intención, me exalta el miedo,

me duele en los extremos del aliento,

me hace temblar la carne,

me da un tic en lo interno:

entiendo lo que siente una madre

cuando la llama por primera vez el hijo

desde adentro.

Aunque a veces se me pierde,

sé muy bien que está ahí, dentro de mí,

aquel beso.

Como están igualmente:

los árboles de aquel otoño –gigantescos-,

la nieve que nos descubrió el invierno,

el pueblo encajado en la montaña,

aquel otro con su grieta en el centro,

la tienda con la nuez en oferta,

los videos y los cuentos,

la frase que era nuestra,

tus palabras cortadas rebotando en tus dientes,

arañando mi oído que mojaba tu lengua,

el consecuente –aquel- escalofrío,

aquel sexo primero,

la casa de las piedras,

la del acantilado en el Mediterráneo

(aquélla que alumbraba el sol al ponerse a la derecha,

y que nunca habitamos),

la otra junto al lago con la canción que hablaba

de dejar de soñar,

los cangrejitos rápidos de aquella playa

-¿la recuerdas?-,

que entraban y salían transparentes,

sorpresivos,

de los agujeros…

como recuerdos.

Todo eso está en mí brillando por momentos.

Son relámpagos reales,

efímeros, potentes,

que me mueven la vida cuando la siento muerta

que establecen un puente para alimentar

el infierno triste de mis paraísos perdidos

con la magia brutal de la iluminación

del cielo.

Como está… aquel beso,

largo, largo, prolongado

(en el desierto de las sombras

del cine del centro comercial

de los suburbios de perfil azulado

de la docta Córdoba).

Está dentro de mí, aún lo siento,

y cuando me golpea quisiera

detenerlo, alimentarlo,

hacerlo crecer inmensamente

para que no se fuera más,

para que ya no se apagara,

para que ya no se escondiera,

para que en el siguiente instante

fuera su aparición tremenda,

su magnitud gigante,

tan espectacular

que me resquebrajara las quimeras…

Pero viene y se va, modesto,

jugando a esconderse en mis adentros,

secreto, conociendo el poder del coqueteo,

disfrutando…

Es todo un  mundo,

todo un misterio cálido aquel beso,

es como el eco del aletear de mariposas

sumergidas en cántaros de aceite,

tremendo en su simpleza,

destructor en su delicadeza,

discreto, vago y tierno.

Casual, esporádicamente,

pero me hace feliz;

sé que existió, que existe, que es eterno.

 

AMOR

(a Marlene)

 

El amor es una terrible discordancia de intenciones,

una falta de consistencia en los más nobles sentimientos;

el amor es una secuencia de deseos insatisfechos

y es terrible porque eso pasa entre dos gentes que se quieren.

El amor no permanece más que en el cambio y el capricho.

Si despiertas una mañana suplicando por caricias

y recibes únicamente unas semillas de sandía

que te dejan sobre el buró junto a un recado pequeñito

(“luego vengo, salí a correr con Margarita, no me esperes”):

desayuna, ve cuántos premios trae la caja del Corn Flakes,

silba alguna canción de amor, juega algún juego y ten paciencia;

porque así es el “amor eterno”: sólo existe por momentos.

El amor es una partícula que tiene corta vida

(hasta hay veces que se evapora sin haber aparecido).

El amor es una tardanza continuada donde el diablo

sopla frases emocionantes al oído del que espera;

el amor es una nostalgia que se endulza con los años;

una tarde en que se acarician los umbrales de los cielos;

un murciélago que  descifra los caminos de la noche

obstinado en no querer ver las cosas claras como el día;

paraíso del que continuamente somos expulsados;

es la noche que cae serena sobre tu auto en carretera

mientras ves en las nubes rosas esos rasgos tan queridos

y te dices que ahora sí, que ésta es la buena de entre todas,

haces planes y hasta respiras hondamente satisfecho

cuando ves a los lados árboles que ríen con tu sonrisa…

Entre curvas te acercas pronto al corazón de la tormenta

sin saber que el amor es todo aquello que te pasó sin que murieras.

 

 

SUEÑOS

I

 Si pudiera encontrarte en un sueño

y sentir tus caricias precisas

calentándome el alma y el cuerpo

como entonces… como hace mil días…

Si pudiera sentir en mis sueños

que te llamo, salimos, paseamos

por ahí –alamedas, comercios,

avenidas de luz-, platicamos…

Si pudiera sentir que me tocas,

que realmente tus manos me alcanzan

y me alienta el oído tu boca

confesándome tus esperanzas…

Si pudiera tocarte en mis sueños

y sentir en tu espalda delgada,

avanzando mis uñas, mis dedos

hasta el punto en que ya no es espalda

y seguir descendiendo en mi sueño

por las curvas que adornan tus piernas

hasta el mundo, hasta el fin, hasta el suelo

donde el cielo y la tierra se encuentran…

y después regresar hacia arriba

al calor de lagunas y selvas

y llegar al azul de tu pelo

con la luna de sangre en tus venas

-con el sol de tu naturaleza-,

y alcanzar al subir poco a poco

entre el mar del amor la otra orilla,

los centímetros más peligrosos,

donde acaba y empieza la vida…

Si pudiera sentirte realmente

cada noche que cierro los ojos:

dura, sólida, clara, caliente,

pura, práctica, física, viva…

Dormiría las mañanas enteras

viviría una vida de ensueños

dormiría las tardes completas

pasaría la vida durmiendo.

   

  II

Entre las cosas que tengo

y las que sueño…

me quedo con las últimas.

Constituyen mi fuerza, mi energía,

mi razón de luchar,

mis alegrías

sin tachas, sin defectos;

estructuran mi impulso,

le dan sentido a mis pasos

y dirección a mi vida,

y están más cerca de la gloria

que del fracaso.

Entre un pájaro en mano

y cien volando…

prefiero cien.

Para vivir feliz de ver la vida

florecer en libertad,

pero no vigilando,

maldiciendo,

dudando.

Saber que un día vendrán

sin preocuparme cuándo.

Entre tus besos locos

que con certeza

precederán a las nubes y a las guerras

y estos otros que llevo en los dedos,

en el cuello,

en medio de las piernas,

que me das en las noches

cuando me voy durmiendo

y puedo darte cuando se me antoje,

cuando yo quiera

-sin molestarte, sin tener que esperar,

negociar, seducirte, insistirte, cansarte-

sin que lo sepas…

prefiero éstos.

Se quedarán mis sueños construidos

lentamente,

muy lentamente cociéndose,

largamente acariciados.

Se quedarán ahí, al abrigo del tiempo,

pobremente logrados

pero a la vez perfectos.

 

LO QUE ME HICISTE

(a Karola)

 

Por todas las cosas malas que me hiciste

yo debería desear que te encontraras

un amor terrible

que te hiciera sufrir,

que te acabara…

Pero te quiero tanto, te amo tanto,

que te sueño feliz

en campos de violetas y jazmines

con un amor de cuento,

de intereses afines.

 

Y lo prefiero así

para que en un contraste

entre lo rosa y lo macabro,

entre las ilusiones y los muertos,

te compadezcas

y te acuerdes de mí

y me valores, y te sorprendas

de cómo alguien tan imperfecto

como sé que fui yo, tan mínimo…

pudo quererte así:

con este amor tan terco

con este amor tan claro

con este amor tan grande

con este amor tan cierto,

tan fiel… tan fuerte

y me recuerdes bien

y me recuerdes más

y me recuerdes siempre.

 

aaaaaMediterraneo

 

 

 

 

 

 

 

QUEMAR LAS NAVES  

(a Marlene)

 

Me piden que te olvide,

que no me sacrifique más,

que cambie el tono de mis intenciones,

el objeto de mis oraciones,

el rumbo de mis paseos nocturnos.

 

Me dicen que te olvide,

que cambie de aires,

de costumbres, de ropa,

que conozca personas, que comprenda

que el pasado no existe más y ya no vuelve,

que descanse, que coma;

y que rompa las cosas que me llevan a ti,

que me agarran al cuello,

que me encadenan a los coros de Aleluyas

de nuestros domingos en misa,

cuando comulgaba yo más por amor que por fe

y creyendo aún más por sentir tu brazo cerca,

tu mirada ilusoria en mi cabello,

tu respiración tranquila

que definía en silencio -para mí-

las puntas de tu pecho

y le daba peso a tus caderas…

 

Mírame nada más:

escribiendo episodios de olvido,

las razones que me dan para olvidarte,

y cayendo sin remedio

en el recuento de tus atractivos.

Podría escribir

un catálogo enciclopédico de  tus bondades.

Estoy loco, sí.

 

Olvidarte sería lo peor.

Aunque sin ti el camino es pozo

y el horizonte muro,

arrasar tu memoria es peligroso;

romperte, romper con tu recuerdo

es romper el pasado y quedar sin futuro.

Yo no tengo tamaños de héroe ni de mártir,

ni el arrojo de los conquistadores españoles,

guerreros de otras eras.

Necesito sentir que podría volver,

buscarte un día si me animase,

sacarte un “buenos días”

si encontrase ocasión y coraje;

necesito pensar

que existen caminos de regreso,

que es cuestión sólo de buscar la forma,

el momento oportuno, tu rencor amansado,

tu ocio taciturno distraído.

 

Necesito creer que existe la posibilidad

de que se abra la puerta y aparezcas,

de encontrarnos un día

en una calle, en un cine, en una tienda

y que no harás como con los demás

cuando me veas;

guardarás tu sonrisa dental

para observarme seria,

muy seria.

Evaluándonos.

 

Olvidarte

sería para mí una cosa estúpida,

la cosa más estúpida en medio del fracaso;

sería

gastar la pólvora en infiernitos,

usar el último cartucho,

acabar con las reservas de agua

-creo que lo sabes-,

sería perderlo todo:

derruir hasta el último vestigio,

esparcir las cenizas,

quemar las naves.

 

DANDO LO MEJOR DE MÍ

No me den lata,

no me molesten…

estoy tratando de dar lo mejor de mí;

yo no pedí nacer aquí.

 

No me den lata,

no me apuren…

yo no pedí venir aquí

y aunque por momentos

la luna distorsione

las sombras de las cosas,

yo estoy tratando de dar lo mejor de mí;

como un lanzador de espadas,

como un equilibrista

haciendo malabares,

como los cherokees,

como los noctámbulos,

como Stephen Hawking.

 

Los rayos del sol desnudan

la esencia de las gotas

y una pequeña inclinación

en los destellos

de las alas de las garzas

puede cambiar la vida de los hombres,

puede hacer que el conejo no aparezca,

que la prestidigitación quede truncada,

que el cordón jamás recobre su largura

y las cartas se quiebren

dejando mancos los corazones

y las damas.

 

Yo no pedí nacer aquí.

Estoy haciendo lo mejor que puedo;

como el colibrí,

como los zánganos,

como el niño que canta

o declama en una fiesta,

como el sonámbulo,

como las cacatúas sin cresta.

 

Lo espeso de la niebla

trastoca la altura de las notas.

El traquetear de la lluvia

en los tejados

puede volverse agonía de migrañas

y cualquiera de nosotros

por valiente y sólido que sea

puede sentir que se le quiebra el alma…

yo estoy queriendo seguir

aunque me pese

porque si el peso cala

está uno vivo

y hay esperanza de cambiar de equipo,

de rumbo, de colores,

de vicios, de comidas…

hasta de células y gestos

que al final del año

nos permitan soltar

el lastre de las religiones

y reubicarnos luego en otra parte,

donde no se requiere el argumento

de declarar que no fue uno

el que pidió nacer ahí;

donde no conozca uno al de la tienda

ni al vecino de enfrente

ni al portero;

donde no tenga uno que decir a cada rato

al elevadorista, al chofer,

al mensajero

que entrega los recibos,

al dueño de la casa:

Estoy dando lo mejor de mí;

el que yo no posea perfil griego

ni tenga pinta de héroe

ni salga con mi capa de Batman

ni luzca en el pecho la amargura

de las condecoraciones,

nada de eso

me descalifica

para replicar

a cada descolorido momento

de mis días

que, efectivamente:

¡yo no pedí nacer aquí y

estoy dando lo mejor de mí!

 

Como el ciego, sordo y mudo,

como los contagiados por la peste,

como la viola sustituta de la orquesta,

como el talón de Aquiles sin escudo,

como el payaso de los intermedios,

como los niños de Kosovo y Timor Leste,

como el gallo que canta en las mañanas,

como el perro cojo,

como la esfinge sin cara…

 

aaaaaamditerraneo

 

 

 

 

 

 

 

 

UNA DISCULPA

(a Katya)

 

Una mañana de sol resquebrajado

en manchones de paredes cordobesas

te dije -Katya- que el verse en el espejo

con tanta insistencia, tantas veces,

era señal de vanidad descontrolada.

Me viste con esa sonrisa tan tuya

tan enigmática, entre temerosa y confiada

y antes de apartarte del espejo

te viste una vez más (de reojo, un momento)

que por lo breve y repentina

fue una reafirmación de tus encantos

y de mis comentarios contradictorios.

 

Hoy, tan lejos en el tiempo,

sabiéndote tan lejos de aquel día,

de aquella mañana de confrontación

amable, educada, entre líneas;

sintiéndote tan lejos de este espacio…

con tantos kilómetros entre ambos

te pido una disculpa.

 

Los tontos nos corregimos -a veces-

con los años.

Ahora sé que los espejos no reflejan imágenes

ni cuerpos,

reflejan intenciones, emociones, sentimientos,

y que aquella insistencia en reflejarte

casi cada momento de las horas comunes

era tu forma de hacer las cosas a tu modo,

era tu voluntad enorme de gustarme,

eso era todo.

El terruño es… EL TERRUÑO. Pos qué caray! (Mi Coatzacoalcos querido…)

El terruño es… EL TERRUÑO. Pos qué caray! (Mi Coatzacoalcos querido…)

Desde “All my life”, con un Lennon nostalgiquísimo, hasta “Mi Buenos Aires querido”, pasando por un millón de canciones más, los compositores, poetas y novelistas, nos hemos encargado de honrar a nuestro país natal. A ese pedazo de tierra en que nacimos, o en que vivimos nuestra primera infancia. Ése que nos dejó el sabor del descubrimiento de la vida, del mundo primero que vimos, y de la sensación de pertenencia.

Carlos Gardel cantó sobradamente a los retornos al hogar, ya después de veinte años, ya en pensamiento. César Vallejo es autor de uno de los poemas más brillantes que se hayan escrito al respecto. Simplemente genial. (Aquél, el de la suprema imagen del caballo “asintiendo” que “…todo está muy bien“.)

Y la nostalgia del pueblo nuestro, aquél en que nacimos, no es privativa de escritores solemnes, que la hay también cantada por compositores más ligeros, pero no menos brillantes. El que dijo en inglés I left my heart in San Francisco…, supo -sin haberme leído- de qué hablo. José Feliciano le cantó al “…pueblo mío, que estás en la colina…”.  Podríamos seguir horas, días, años, hablando del efecto de la tierra de uno en la mente y el corazón de los artistas. En la gente. Como James Joyce con su Dublín, y Cervantes, ligado a los lugares más emblemáticos de La Mancha.

Mi Coatzacoalcos querido, el petrolero, el tropical, el ancestral que se remonta a episodios de conquistadores españoles, y cortesianos, temerosos del arribo de la esposa Marcayda, es ejemplo de vigencia, de magia, de ambivalencias poderosas. El terruño no suele ser perfecto. Pero, en nuestra memoria, no hay ciudad que lo supere. Ahí, en Coatzacoalcos, nací; ahí viví mis diez primeros años, en una época en que las calles amplias y limpias, de camellones obligados, se vaciaban a las dos de la tarde, y en las otras horas permanecían casi desérticas; ahí patiné en el parque, en épocas más que de sol; ahí soñé con mi primera trompeta, de plástico, dorada; ahí observé, treinta y seis años después, entre las nubes negras de una tarde, un fabuloso arco iris doble, que fue, a la vez, promesa, disturbio, ensoñación y lástima.

Ahí nací. Ahí se va mi corazón de tarde en tarde, a ver crepúsculos rojos llenos de pichos negros, salvajemente escandalosos; ahí duermo en ocasiones, estando lejos, y escucho aún los tambores selváticos de la lluvia apasionada sobre los techos de láminas de zinc. Ahí dejé también yo mi corazón. Ahí habré de volver.

Ahí, estando lejos de ahí, canté a sus imágenes atesoradas celosamente en mis entrañas. Canté en un poema, como supongo que todos cantamos, con palabras o no, con gemidos de añoranza, a nuestro pueblo. Aquél del que, con frecuencia pensamos, jamás debimos haber salido. No por tanto tiempo. Mi canto está aquí, y pienso será el canto de millones de pueblerinos que caminaron caminos sin regreso. Sólo habrá que cambiar algunos términos, unas calles, un par de nombres propios. El amor es el mismo.

Los que salimos del terruño para buscar nuevos horizontes, tardamos en comprender qué difícil nos será encontrarlos. Lo que buscamos quedó atrás.

Coatzacoalcos

 

I

La vieja Panamá

la Habana en Cuba

algunas calles de Santo Domingo

en la República Dominicana

una que otra subida de Valparaíso

cuatro calles de amor desvencijado

en el viejo San Juan en Puerto Rico

el barrio de La Lapa y muchos

muchos otros momentos de casas

baños de sol, entradas de edificios

y sombras y reflejos

y balcones y huecos de las tardes

más definidas y esenciales de Río

ése que responde al feroz apelativo

de “Ciudad Maravillosa”

me recuerdan mi pueblo eterno junto al río

-ese otro río que rascaron mis uñas

en los pedazos de pintura oxidada

de las casas directamente sobre el muelle

en aquella ribera triplicada

por la genial naturaleza

para darles espacios, materia prima

dimensiones

posibilidad para alabar a Dios

fervorosa y permanentemente

(en las maravillas de amor

de sus catafalcos industriales)

a sus aborígenes

y colonizadores-:

Coatzacoalcos.

II

 Una lluvia sin fin

cuando los nortes

machacando como ráfagas

de ametralladoras

las láminas de zinc

unos viejos bebiendo dominó

a un grito del mercado

las tiendas de los chinos

y los árabes

la vieja escuela

un viejo cascarón de barco

semihundido

con dos gaviotas coronándolo

seis vagones de un tren

descontinuado

la casita con ramas

con el Jesús adentro

y una peregrinación infantil

de corcholatas

en noches de diciembre

cuando la luz de velas

-entre cantos eternos-

se transmutaba en limosnas

de la gente

los verdes y azules de las casas

el mercado viejo

las voces de las tecas

la escuela

para hijos de los petroleros

el silencio sepulcral

de las tres de la tarde

la calma chicha del que tiene

tranquila su conciencia

y la subida

de la colina que en su cumbre

permite la visión –casi-

de las costas de Texas.

III

 A pesar del recuerdo rescatado

por los otros lugares que conozco

-que agradezco en el alma-,

esos tonos de savia en los colores

esa rabia fundamental

ese respeto

esa tranquilidad

hasta el mismo sabor de los ladrillos

no los he vuelto a ver

así, con profunda intención

con peso de verdad

en ningún lado

-ni en Panamá, ni en Río ni en Santiago-.

Sueño con practicar un día

la odisea mayor

de las mitologías del retorno

para volver a ir, entre pantanos

al sueño original.

Mientras,

agradezco a ese nombre

a los guardias de migración

de tantos aeropuertos

y a las complejidades

de las diferentes tierras

que me den la oportunidad de acordarme

de tanta riqueza de existencia

-cuando les deletreo lenta

cuidadosamente, con paciencia

el nombre impronunciable en otras lenguas:

“Ce” – “O” – “A” –“Te” – “Zeta”… no, no, “ZETA”…-

de todo lo que en esos instantes

de aclaraciones

va minuciosamente recordándoseme:

las farmacias de neón

con muestrarios de tarjetas postales

de colores fantásticos, inexistentes

las tiendas de abarrotes

monolíticas casi, con sus tres escalones

anchos, su mostrador de vidrios

y su papel de estraza

la culebra polícroma, gigante

en la base del Teatro al aire libre

la trompeta de plástico en la Casa-Castillo

la casa de las aguas de horchata

de semillas de melón, en la esquina del parque

en el que los domingos

la multitud enamorada daba vueltas

interminables alrededor del kiosko

para cerrar la noche, no muy tarde

comiendo chicharrón, carne de Chinameca

o en los tacos de cochinita pibil

donde el naranja, el morado, el blanco, el amarillo

barnizaban las manos y las bocas…

Y les digo a las autoridades

-satisfecho, complacido

por el recuerdo y orgulloso-

cuando acabaron de escribir en sus papeles

de ver en la computadora

y de sellar mi pasaporte

(y han hecho con certeza un comentario

sobre el nombre curioso de mi tierra)

que se está bien ahí

que es un lugar maravilloso

y a veces, si la ocasión me lo permite

y no hay gente impaciente por la espera,

les cuento un poco –incluso- de cómo era

y les cuento detalles

y les comento cosas

y les platico hasta de las serpientes

los matorrales y las cuevas…

————–

(El poema Coatzacoalcos” está incluido en el libro DE LO PERDIDO, LO QUE APAREZCA / Sergio Andrade / Selección de Poemas / Editorial LITERALIA / 2006

_ _ _ _

Para más información sobre libros, novelas, cuentos, poemas, escritos por Sergio Andrade, visita:

AMAZON

_ _ _ _VÍDEOS

PUEDE MORIRSE AHORA, COMANDANTE (Poema, Letra y Música: Sergio Andrade)

——————————-

CDs de SERGIO ANDRADE

VIVIRÉ PARA AMARTE, con diez de sus más bellas canciones de amor

Portada y Link del CD VIVIRÉ PARA AMARTE de SERGIO ANDRADE

Contraportada del CD VIVIRÉ PARA AMARTE , de SERGIO ANDRADE

Contiene los Temas:

PARECE

LA MUCHACHA DEL VIOLÍN

EXTRAÑÁNDOTE

TAN JOVEN

LA HORA MÁS TRISTE DEL DÍA

DECIR SU NOMBRE

BUENO EN LA CAMA

TE VAS

 APRENDERÁS

VIVIRÉ PARA AMARTE

_ _ _ _

– A VECES EL AMOR , con diez temas de amor, de los más íntimos y profundos, del cantautor Sergio Andrade

Portada OK

(Portada del CD A VECES EL AMOR…)

Charola A veces el amor...

(Contraportada del CD A VECES EL AMOR…)

Contiene los temas:

– NI UN DOMINGO MÁS

 LA NAVIDAD ES MALA CONSEJERA

– EL CORAZÓN DEBAJO DE LA CAMA

– NO ERA MUCHO PEDIR

 SI DE POR SÍ…

 A VECES EL AMOR…

– LO MÁS TRISTE DE TODO

 VACÍO

– SE ENTIENDE

– TRATÁNDOSE DE TI

_ _ _ _

– SERGIO ANDRADE, sus Éxitos de Festival , con las canciones del cantautor que fueron premiadas en diferentes Festivales Nacionales e Internacionales, como YAMAHA, OTI, Viña del Mar, etc. Para vivir de nuevo una de las etapas más creativas de la música en Latinoamérica. Un CD DE COLECCIÓN.

Contiene los Temas:

JUGUEMOS A CANTAR

AGÜITA DE COCO (Fiesta en mi Pueblo)

SUAVEMENTE

A LA VUELTA DE LA ESQUINA

TIERNO

ESO NO SE HACE

TIEMPOS MEJORES

PARECE (Remix)

LA ÚNICA MUJER SOBRE LA TIERRA

QUISIERA (Canción para Mamá) NUEVA VERSIÓN Y ARREGLO

_ _ _ _

CD DOBLE CÓMO PASA EL TIEMPO…! de Sergio Andrade y su Grupo, No.Cat.705105457956 , conteniendo 22 canciones -9 en el Primer CD y 13 en el Segundo-. Un CD Doble de Colección con Música de Fusión y Alternativa, Centro y Sudamericana.Homenaje y recuento de nuestras tradiciones musicales más folklóricas. Espacio donde se encuentran la música andina con la música pop, rock,  jazz y clásica, occidentales.
(Portada y Contraportada del Booklet Interior)
1 y 16
(Contraportada del CD )
Charola Cómo pasa el tiempo...! (Parte II)
Contiene los Temas:
CARO
CUBA
_ _ _ _

MIS PREFERIDAS , primer disco de Sergio Andrade, de nuevo en el mercado, digitalizado y re-masterizado.

img para Portada Mis Preferidas OK

1.- No se vale

2.- No era mucho pedir

3.- Extrañándote

4.- Insurgentes

5.- Cada vez que te veo

6.- Tratándose de ti

7.- Divina

8.- Quisiera (Canción para mamá)

9.- Viviré para amarte

10.- Caro

El disco Mis Preferidas en esta versión digitalizada y remasterizada seguirá -sin duda alguna- quedando como un disco de colección y “de culto”, pues es una rara joya que nos permite viajar en el tiempo y experimentar lo más representativo de la música de los años ’80 en nuestro país.

_ _ _ _

PIANO PASSION nuevo CD Instrumental de Sergio Andrade  A la venta en iTunes y demás tiendas digitales . 

Portada(OK)

También en amazon MP3  , Spotify , Google Play, etc.

_ _ _ _

TODOS los CD’s,  A LA VENTA  en iTunes , amazon MP3  ,  Spotify , Google Play  y demás tiendas digitales.

Y en Formato Físico, con Entrega a Domicilio, de venta en:

PARA USA Y EL RESTO DEL MUNDO

PAGO CON PAYPAL PARA USA Y EL RESTO DEL MUNDO

También en:

bandcamp

y en:


PARA MÉXICO En Formato Físico, con Álbum Coleccionable de 16 páginas a color, dedicatoria del artista y Entrega a Domicilio
:

Escribiendo a <amarantorecords@gmail.com>

o en TIENDAS MIXUP

_ _ _ _

TWITTER

_ _ _ _

Para más información sobre libros, novelas, cuentos, poemas, escritos por Sergio Andrade, visita:

MÁS LIBROS, LETRAS, CDs, POEMAS de SERGIO ANDRADE

CANAL DE YOUTUBE DE SERGIO ANDRADE

 

LAS PARADOJAS DE LAS VACACIONES DE SEMANA SANTA (en MÉXICO) y otras locuras…

LAS PARADOJAS DE LAS VACACIONES DE  SEMANA SANTA (en MÉXICO) y otras locuras…

"Trailer Park" en Antón Lizardo; Veracruz

Continuando con este viaje de dolor familiar en que hay que poner buena cara para que los hijos no perciban  el tamaño de la angustia por el posible cercano fallecimiento del ser más querido -a los hijos no deberíamos cargarles los pesos de la muerte-, entremos en detalles de verdadera locura. México es uno de los países con mayor biodiversidad y con innumerables encantos naturales, arquitectónicos y culturales, playas, desiertos, selvas, planicies y montañas. Un país así -diría usted- habría de ser puntal en el turismo internacional; algo así, como España, Francia y anexas.

Pues no. Resulta que nuestros gobiernos -tradicionalmente priistas y ha poco panistas-, y especialmente sus psicotrópicas Secretarías de Turismo, se han encargado de mantenernos en la mediocridad de explotación y servicios turísticos, manteniéndonos en un muy triste lugar  del ranking mundial, donde los extranjeros que vienen siguen siendo pocos y, en su mayoría, depauperados y patanes. La culpa es nuestra, ni siquiera podemos darle un buen servicio al turismo nacional.

Tome usted, por ejemplo, el caso de playa Chachalacas, en el Estado de Veracruz. En otros países, al sentir la creciente afluencia de visitantes, renvierten lo ganado en años anteriores, mejoran la infraestructura y esperan y reciben a los visitantes de nuevos años con una base de mayores ofertas, prestaciones, recursos y servicios. Aquí -una consecuencia más de la pobreza económica y mental de nuestra nación- lo único que quiere el prestador de servicios turísticos es gastarse el dinero que sacó durante el último período vacacional…, y que se siga pudriendo el turismo que venga. Falta de señalización, de buenas vías para acceso a los lugares; poco voltaje en las instalaciones de electricidad y luz (los transformadores, si hay, se botan a cada rato por la cantidad de gente que llega); poco personal para atender a los viajantes (consecuencias: servicio tardado, gritos y empujones, platos, tenedores y vasos mal lavados…).

"Querreque..."

Pero el turista mexicano -hambriento y sin puntos de referencia- tiene gran parte de la culpa, pues acepta todo el maltrato con la cabeza agachada, como cuando llegaron los españoles, y no se queja formalmente ni boicotea los lugares en que lo agreden cobrándole por servicios que valen para pura ma…la suerte. Corrijo: En realidad no es culpa del pobre viajante mexicano el no quejarse. Él vive tan ansioso de tomarse unos miserables días de descanso de su miserable trabajo (si

UN CAMARÓN DENTRO DE LA MOTOR-HOME.(La falta de costumbre, al de Coatzacoalcos se le olvidó cómo quema el sol de Veracruz...)

es que tiene) con su miserable sueldo (producto de la deprimidísima situación económica provocada por las administraciones anteriores y empeorada por el actual gobierno), que, para él, cualquier jumento mal nacido y enclenque, es caballo árabe, de raza.

Ahí tenía usted a los turistas, en Chachalacas, en lo que debía haber sido un momento vacacional a la altura de su pago y sus expectativas, sufriendo la aglomeración, las incomodidades, los baños de la zona del camping y de restaurantes, sucios, al extremo de la marranez más plena,y con pedazos de tela colgando de mecates a manera de páneles divisorios entre las tazas de cagada… y otras linduras. Que por propiedad me callo.

En el puerto de Veracruz, y Mocambo, en la laguna de Mandinga -lugares excelsos por otras circunstancias-, en general, el mismo problema: Mala comida, pocos empleados, mucha suciedad, tardanza en los servicios y -si no fuera por la gente sonriente deseosa de reír tan sólo porque la pelota botó más alto-, un infierno. Paradójicamente,  en períodos en que la infraestructura turística debería brillar más, brilla por su ausencia. México lindo y querido, si muero lejos de ti…! (Pero -han de decir los optimistas-, en estos tiempos de violencia indiscriminada, el simple hecho de poder regresar vivo y coleando a casita y no morir entre los disparos de un enfrentamiento -como el de hace unos días en el Puerto de Veracruz, que dejó diez muertos-, ya es ganancia. Ah!, pues eso sí, ni hablar. Hay de penas a penas…). Así que dirán -como siempre- que no es para tanto. Y la carreta alegórica de paja seguirá avanzando por los siglos de los siglos…

El problema, siempre lo diré, sigue y seguirá siendo Pedro Infante. Y Televisa, promotora incansable de la perpetuación de las estructuras de sometimiento, enajenación e idiotización de los pobres, y vocera permanente de los intereses de la clase poderosa (Que la Familia se mantenga unida, …pues es mucho más fácil venderles Sabritas y Telenovelas a todos sentados estúpidamente en la sala de una casa…). Y exhibidora ad aeternum de las películas del de Guamúchil. Mientras no nos quitemos -arrancándonoslas con rabia- del alma esas tres películas malsanas (Nosotros los pobres, Ustedes los ricos y Pepe, El Toro), seguiremos mal entendiendo el orgullo, agachando la cabeza en cosas que sí importan, sin reclamar a voz en cuello, creyendo que poverty is good, que lo importante es estar unidos y en familia (aquí está su pobre casa, le echaremos más agua a los frijoles), mantenernos vírgenes, rezarle mucho a la Virgen Mayor y tratar de ser siempre, SIEMPRE… pobres, pero honrados. Y a mucha honra! Ah! y -por supuesto- gritar bien fuerte (sic): “Ay -ja- jay- ja- jay!, sírvanme las otras, y que viva México, cabrones, jijos del máiz!“.

Pero eso sí, la última y nos vamos. “Chava” Flores, letrista gigantesco y muy talentoso compositor dio en el clavo de nuestra patética idiosincrasia muchas veces. Aquí, ya no nos resta más que recordar aquel chiste en que San Pedro, después de ver todas las maravillas naturales que Dios había colocado entre los ríos que algún día se llamarían Bravo y Suchiate, preguntó a Nuestro Señor: “Pero cómo?! -amado Omnipotente-, cómo vas a colocar en esa parte del mundo tanta belleza y tanta riqueza, qué dirán los habitantes de otras latitudes? Van a sentirse muy mal por la injusticia!“; Dios, el Todopoderoso, le respondió con sonrisa maliciosa: “Ni te apures, nomás espérate tantito; ahí mismo voy a poner a los mexicanos, y con eso, va a estar todo compensado!“.

Dios -ni duda cabe- ES SABIO!

Al final del día, el regreso al Hospital. A fin de cuentas, esta vida se reduce a una alternancia entre los muertos y los vivos.

Hasta mañana.